SUV 4×2 ó 4×4 ¿merece la pena la tracción integral?

Son este conjunto de elementos los que han llevado a los todocamino a acumular ventas superiores al 35% del mercado nacional, frente al 26% del mercado europeo

Pero ¿merece la pena hacerse con una versión que tenga tracción a las cuatro ruedas, como ocurría con los todoterrenos, o es preferible optar por una convencional tracción a un solo eje? Yo lo tengo claro pero vamos a ver los razonamientos.

En realidad, estos todocamino, SUV o crossover, son vehículos que proceden de turismos, a los que, a grandes rasgos, se les han revisado las suspensiones, la entrega de potencia, algunos elementos mecánicos y se ha ampliado su habitáculo interior.

Están pensados para la gran ciudad o para recorrer kilómetros de forma infatigable sobre asfalto, pero su carrocería más elevada les permite adentrarse en pistas forestales, caminos de vez en cuando, aunque no siempre están preparados para afrontar terrenos fangoso, pedregosos o situaciones complejas , muchas de las veces por la insistencia de usuarios y fabricantes de incorporar a estos coches con llantas de grandes dimensiones que implican perfiles de cubiertas por debajo de 55.

Es esto lo que demuestra que las propias compañías automovilísticas prevén que apenas pisarán la tierra, por lo que en sus ofertas es testimonial la presencia de versiones de tracción total, y cuando la hay suelen estar reservadas para los motores más potentes y con mayor par, que no siempre son los que mejor afrontarían una dificultad en el monte.

Cuando el terreno se pone difícil el mejor vehículo continúa siendo un todoterreno puro, que aunque pocos, aún quedan en los concesionarios, me refiero a tracciones seleccionable y reductora.

MÁS CARGA TECNOLÓGICA

Es más, estos vehículos con tracción a un solo eje suelen contar con ayudas y sistemas electrónicos que otorgan esa garantía que uno necesita para superar zonas de nieve, arena o barro, y que tiempo atrás solo se superaban con tranquilidad si el coche contaba con motricidad a las cuatro ruedas. Es decir, hoy se ha suplido el empuje de cada eje por la tecnología.

La opción común es disponer de tracción delantera y no trasera. Así las ruedas directrices son las encargadas de tirar del coche y dirigirlo en el sentido que se muestra con el volante.

 

Si la fuerza se transmitiera al eje posterior, un tipo de tracción habitualmente reservada para los vehículos deportivos, el coche podría no responder como debiera según el manejo del volante, es más fácil perder adherencia y podría dar respuestas extrañas en determinadas situaciones.

A VECES SÍ SE NECESITA

La tracción total tiene su lógica en determinadas situaciones, más allá de la propia de los todoterrenos. Al enviar fuerza a cada una de sus ruedas va a ser más fácil controlar el coche, o evitar pérdidas de agarre, en determinadas situaciones como carreteras con nieve, hielo, mucha presencia de agua o que simplemente estén sucias por un exceso de tierra. En ocasiones, para completar el mejor manejo del vehículo, se recomienda combinar con ruedas de mixtas, o directamente de montaña.

Pero si no vives o frecuentas zonas donde encuentres carreteras con estas condiciones, y si no vas a mover remolques muy pesados, donde necesitas cuatro ruedas que tiren de una caravana por ejemplo, una opción de tracción total carece de lógica.

Precio elevado. Para empezar, los vehículos son más caros, y no solo porque la tracción 4×4 está habitualmente unida a las versiones motoras más altas, y por ende, más costosas, sino porque estos modelos cuentan con un mayor número de elementos mecánicos. Además, el motor trabaja más y, en consecuencia, las emisiones son más altas. Esto supone, en ocasiones, cambiar de franja en el impuesto de matriculación: el precio de compra será aún mayor.

 

Consumo. Estos vehículos tienen un mayor consumo, porque la potencia se transmite a las cuatro ruedas y porque tienen un peso superior. Como ejemplo, podemos decir que el Citroën C4 Aircross, en su motor 1.6 HDi de 115 CV, tiene un consumo homologado de 4,6 l/100 km en ciclo combinado para la versión 4×2, mientras que en la opción 4×4 sube hasta los 5 l/100 km.

El Ford Kuga, en su motor 2.0 TDCi de 150 CV, gasta 4,7 l/100 km con tracción delantera, mientras que el de tracción total necesita medio litro más para el mismo recorrido, o que el Nissan Qasqai, en su motor dCi de 130 CV, requiere de 4,6 l/100 km con tracción a un eje, por los 4,9 l/100 km del modelo de tracción total.

Maletero. Otro aspecto a tener en cuenta en un SUV 4×4 es el maletero, pues al necesitar autoblocantes y ejes de transmisión que recorren el vehículo longitudinalmente se elimina espacio tanto en el puente central del vehículo, restando espacio a las plazas traseras, como en el maletero, como sucede en el SEAT Ateca, que tiene 510 litros de maletero en la opción convencional y 485 en la variante con tracción total.

Neumáticos. El desgaste de los neumáticos es superior, pues las ruedas que reciben la potencia del motor sufren más que las que solo se dedican a rodar  con una utilización normal del coche, una pareja de cubiertas traseras suele durar lo que dos juegos delanteros, pero si las cuatro tiran del vehículo, el desgaste es uniforme y se deberán sustituir todas al mismo tiempo.

LA DECISIÓN NO ES TAN DIFÍCIL

Expuesto lo cual, es fácil entender por qué las versiones de tracción total de los SUV apenas tienen representación en el mercado y en qué situaciones compensa contar con la motricidad en todas las ruedas.

Pero si uno se atiene a lo dicho al principio (que son vehículos que normalmente van a circular en ciudad, que solo realizarán viajes por carretera y que pocas veces va a buscar una ruta fuera del asfalto), es preferible optar por un tracción delantera, salvo casos excepcionales como vivir en una zona con muchas lluvias, un estado lamentable de las carreteras o tirar con frecuencia de un remolque pesado.

CONCLUSIÓN

Dejando modas aparte, desde el punto de vista uso normal y valorando las tendencias de las emisiones, siempre un tracción delantera y berlina. Si nos gusta la capacidad podemos valorar que la opción podría ser un monovolumen o space wagon (ranchera de toda la vida). Si realmente nos vamos a afrontar en determinadas ocasiones a carreteras en mal estado, nieve, pistas (sin grandes exigencias) podemos valorar la compra de un Suv 4×4, siempre valorando el mayor coste de compra y de mantenimiento. Si movemos en  contadas ocasiones caravana desde luego personalmente es la opción correcta a esto habría que sumarle cambio automática y potencia superior a 150Cv.

¿QUÉ IMPORTANCIA TIENEN Y CUÁNTOS FLUIDOS TIENE UN COCHE?

Caja cambios, frenos, diferencial, refrigerante… hay muchos más aparte del aceite de motor.

Uno de los principales problemas que nos encontramos en @AutomociónMiraflores es el desconocimiento de propietarios de vehículos de los líquidos y mantenimientos que conllevan estos. Por ejemplo las reductoras de los todo terrenos llevan un aceite que debe de ser sustituido cada ciertos Kms. o tiempo para evitar avería internas que no son precisamente baratas. Aunque este elemento no se utilice, el ejemplo que ponemos siempre es el mismo, una bicicleta siempre trabaja la cadena. Un piñón y un plato, pues con la reductora es lo mismo, un piñón u otro están engranados y por lo tanto necesitan un engrase perfecto.

Los cambios automáticos necesitan un mantenimiento preventivo para evitar averías graves.

Recuerda  que el libro de mantenimiento o un buen profesional siempre te asesorarán de los mantenimientos a realizar a tu coche.

Si te preguntamos por algunos líquidos que tiene un coche, seguro que lo primero que se te viene a la cabeza es el aceite del motor. Es lógico: se trata de uno de los más reconocidos y de  vital importancia. De hecho, si circularas sin lubricante, provocarías averías irreversibles en el motor del automóvil.

Prácticamente todos los conductores, en algún momento, han tenido o tendrán que rellenar el depósito de aceite de su vehículo. Ya sea un coche, un camión o cualquier otro vehículo de combustión

Sin embargo, existen otros muchos fluidos que son importantes en el vehículo y apenas hablamos de ellos. Desde el más habitual de los que rellenamos a nivel de usuario como el de lavaparabrisas hasta caja de transferencia, reductora, diferencial etc.

Pero… ¿qué importancia tiene el líquido lavaparabrisas?

Si te haces esta pregunta, es porque nunca te has visto conduciendo de noche con el parabrisas sucio y miles de reflejos que te deslumbran. Efectivamente: el fluido lavaparabrisas afecta a la seguridad del vehículo, al igual que lo hace el líquido de frenos. De hecho, se encarga de que puedas ver sin problemas al mantener el parabrisas limpio.

El líquido lavaparabrisas es una mezcla de agua y alcohol, que se añade para evitar su congelación, junto a diversos productos químicos que ayudan a limpiar, arrastrar y disolver la suciedad en el agua del producto. Puedes comprobar su nivel fácilmente en el depósito que hay bajo el capó y, si hace falta, rellenarlo.

Otro fluido cuya importancia quizá desconozcas es el aceite del cambio de marchas, que baña los engranajes necesarios para que funcione correctamente. Normalmente, si se trata de un cambio manual nunca cambiaremos este lubricante, ni tendremos que añadir producto. En cuatro palabras: nos olvidamos de él.

¿Qué ocurre si el cambio manual presenta ruidos o no entran bien las marchas? Que entonces sí que nos acordamos de que este lubricante existe. Si además somos entendidos en el tema, hablamos de la subir o bajar la SAE o añadir un aditivo. Más aún si existe una avería que obliga a cambiarlo.

Algo similar ocurre con los diferenciales. ¿Sabías que también llevan aceite? Pues sí, lo llevan, y su uso suele extenderse durante toda la vida útil del vehículo. Por eso tampoco solemos acordarnos de él.

En cuanto a los coches con cambios automáticos, más cómodos y cada vez más populares, es necesario cambiar regularmente el aceite de la caja de cambios. Se suele hacer cada 60.000 km. Aunque estas cajas nos ayudan a ahorrar combustible respecto a las manuales, lo cierto es que tienen su mantenimiento, que se debe respetar. 

Otros fluidos interesantes

El sistema de dirección del vehículo también cuenta con su fluido, cuyas características dependerán del diseño de cada automóvil. Como a veces se producen fugas, habrá que ir añadiendo líquido en caso de ser necesario y no se debe cambiar a menos que haya una avería. En este último caso, siempre se debe eliminar el fluido y no volver a utilizarlo: si lo hicieras, podrías provocar averías a causa de la presencia de pequeños trozos de metales que causarían un desgaste rápido.

Si fuera necesario cambiar el líquido de la dirección, conviene que acudas a un taller, al igual que en el caso de los aceites de la caja de cambios o el diferencial.

En cuanto al refrigerante, es un fluido que se encarga de sacar calor del motor para que las piezas se puedan mover libremente. En este caso no se trata de un aceite, sino que es una mezcla de agua con glicoles y aditivos que protegen el sistema de refrigeración.

En el caso de los refrigerantes, es importante emplear productos con un punto de congelación muy bajo (-37ºC) y con una elevada concentración de glicol (50%). Esto se debe a que los aditivos que protegen el sistema de refrigeración (radiador, camisas, bomba…) van mezclados con el glicol y cuanto mayor sea la concentración de este componente, mayor será la protección que ofrecerá el producto.

Puedes comprobar el nivel del refrigerante, al igual que el del aceite del motor o el del líquido lavaparabrisas, ya que el depósito se encuentra también bajo el capó.

En lo referente al líquido de frenos, que mencionamos al principio, recuerda que es muy importante para la seguridad del vehículo. Conviene vigilar su nivel, ya que es el que nos ayuda a controlar la velocidad del vehículo y a detenerlo por completo si es necesario. Existen distintos tipos de líquidos de frenos, de los cuales algunos son incompatibles entre sí.

Por último, nos gustaría hablarte de las baterías: las que no están selladas requieren que realicemos un nivelado para que funcionen correctamente y no se produzcan averías.

 

En todos estos casos es muy importante que utilices productos que sigan todas las indicaciones y normas que establece el fabricante del vehículo para que no se produzcan averías. Recuerda: al igual que en el caso del aceite de motor, no vale cualquier producto. Elige bien y prolongarás su vida útil, además de aumentar tu seguridad.