Prepara tu coche para el frío

Prepara tu coche para el invierno y aprende a conducir sobre nieve y hielo

Tener tu coche listo para el invierno te puede evitar más de un problema innecesario durante los meses de frío. Con estos consejos tendrás tu coche preparado.

Cuando llega el frío, la obligación de todo conductor es tener su coche preparado para el inverno

Tras los meses de verano conviene hacer una sencilla y rápida labor de revisión y mantenimiento para evitar los problemas que pueda provocar la llegada de las heladas y la nieve.

Además de preparar tu coche, también te ofrecemos algunos consejos para conducir sobre nieve con los que, sin necesidad de ser un experto, puedas salir adelante cuando la carretera esté complicada. Arrancamos.

1.- Neumáticos

No solo hay que revisar que el dibujo y que las presiones de nuestros neumáticos sean las apropiadas. Con el frío, las ruedas suelen desinflarse ligeramente. Revísalo. Pero también presta atención al estado de la goma. El calor del verano y un uso abusivo pueden cuartear la goma del neumático y, con la crisis, cada vez son más los coches que se ven con las ruedas ‘en los alambres’. La cosa es mucho más grave que él, ya importante, riesgo de sufrir un reventón en plena marcha. Nuestro automóvil se apoya en la carretera sobre cuatro únicos puntos de pocos centímetros, de ellos depende todo el agarre al asfalto que tengamos y estas superficies deben evacuar el agua o la nieve si las hubiera.

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Así que el dibujo del neumático debe estar en buen estado en todo el ancho de la banda. Si vas a circular por zonas con mucha agua o nieve, pide presupuesto en un especialista para montar unos neumáticos de invierno. Llevan un dibujo especial más profundo y la goma tiene un compuesto más blando y de mayor agarre en temperaturas frías (olvídate de los clavos, en España está prohibido circular con ellos y ni los vas a encontrar en las tiendas).

No te preocupes por tus ruedas actuales, si las tienes en buen estado pero crees que vas a necesitar comprar unas de invierno, puedes guardarlas hasta el verano y volver a montarlas cuando pase el frío. Incluso puede que, si no tienes dónde guardarlas, en el mismo sitio donde compres las de invierno te las almacenen hasta que las necesites.

2.- Cadenas

Hay una amplísima oferta dentro del mercado de cadenas y otros inventos para circular sobre nieve. Las hay metálicas, textiles e incluso existen esprays que se aplican sobre la banda de rodadura y que dicen ofrecer un extra de adherencia (aunque te aconsejo que no los pruebes porque pueden dañar la goma, su efecto apenas se aprecia y además, se dispersa a medida que circulamos). También están los llamados ‘Spikes spider’, que se acoplan sobre la rueda de forma bastante rápida y llevan una serie de radios que ‘abrazan’ la goma del neumático. Algunas cadenas metálicas también llevan este sistema de montaje.

Nuestro primer consejo en este apartado es que tus ruedas deben estar en buen estado. Si no, las cadenas, o lo que uses, no serán de mucha ayuda.

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En cuanto a estas cadenas, las metálicas suelen ser las más complicadas de poner, mientras que las textiles suelen ser menos resistentes. Recuerda que siempre debes ponerlas en las ruedas que mueven el coche. Si es tracción delantera (Renault Mégane, VW Golf, Seat Ibiza…) tienes que ponerlas en las ruedas delanteras. Si tu coche es propulsión trasera (BMW Serie 3, Mercedes-Benz Clase E, etc) las cadenas deben ir en las ruedas traseras y si es tracción total (4×4) la mejor opción puede ser montarlas en las ruedas delanteras para ayudar a la adherencia de la dirección. No olvides desconectar el ESP una vez montadas.

Recuerda guardarlas en un lugar accesible del coche. Esto te lo digo porque lo más común es que no estés cómodamente en el garaje de casa el día que tengas que ponerlas. Si la nieve te pilla en una carretera de montaña y tienes que parar en pleno arcén para bajarte del coche a montarlas, lo último que te va a ayudar es que las cadenas estén en el fondo del maletero metidas detrás de todo el equipaje con el que te has ido de viaje.

Por último, el tema de la Ley. Si la Guarda Civil de Tráfico anuncia que es obligatorio el uso de cadenas para circular por un puerto, los citados esprays y otros ‘inventos’ similares no sirven. Así que asegúrate que las cadenas que compras están correctamente homologadas. El único sustituto legal de las cadenas son los neumáticos de invierno y te aseguro que he tenido oportunidad de probar ambas cosas en condiciones extremas y la conducción es infinitamente más segura con unos neumáticos de invierno que con unas cadenas.

Si, es cierto que implica mayor inversión y también mayor previsión (porque habrás tenido que comprarlos y montarlos previamente), pero con ellos puedes conducir con muchísima seguridad sobre nieve y, por otro lado, te ahorras tener que bajar del coche en mitad de una nevada para montar nada. Es cuestión de que calcules si vas a circular mucho por carreteras bajo estas posibles condiciones, como por ejemplo, gente que viaja todos los fines de semana a las estaciones de esquí.

3.- Frenos

El invierno es un momento obligatorio para revisar los frenos de nuestro coche. La lluvia, las carreteras heladas o la nieve pueden ponernos en situaciones comprometidas y, aunque el freno se usa de forma especial sobre superficies deslizantes (que te contaré más a fondo en el capítulo de conducción sobre hielo y nieve), es importante que discos, pastillas, pinzas (o tambores, si los lleva) estén en buenas condiciones. El frío afecta a todos los materiales y en este caso estamos hablando de piezas cuyo funcionamiento va por fricción, así que es interesante revisarlos.

Que los frenos suenen o chirríen puede deberse tanto a unas pastillas en mal estado como a unos discos deteriorados. Si cuando accionas el pedal de freno notas que está demasiado blando, la cosa no va bien y puede que no solo sea un problema de las pastillas, sino que quizá tengas que revisar el nivel del circuito del líquido de frenos.

Frenos

Te recomiendo que dejes esta operación en manos de un especialista. Este líquido es una sustancia altamente corrosiva y la manipulación del sistema de frenos suele requerir un purgado para sacar el aire que se haya podido meter al rellenar el circuito.

Cuando pisas el pedal del freno este líquido se bombea para aplicar presión interna en las pinzas, lo que hace que las zapatas se peguen al disco y se genere la fuerza de frenada. Así que una burbuja de aire en mitad del circuito puede dar fallos en la frenada y ser un verdadero peligro.

La tensión del freno de mano también puede indicar algún problema que haya que corregir si está demasiado blando y, aunque no es primordial para la conducción, puede que nos acordemos de él en algo tan sencillo como salir de una rampa de garaje helada.

4.- Líquido anticongelante

Bajo el capó de nuestro coche hay un depósito (normalmente, semitransparente) en el que van varios litros de un líquido de color (amarillo, rosa, verde… depende del fabricante) cuya composición lo prepara para superar las propiedades del agua a temperaturas extremas.

Es decir, que no se evapore por encima de 100 grados y que no se congele por debajo de 0 grados. Es el líquido refrigerante/anticongelante y en su nombre está definida su principal función: mantener la temperatura óptima del motor durante su funcionamiento (aproximadamente 90 grados).

Anticongelante

En el mismo depósito debe haber unas marcas que indican el nivel máximo y mínimo que debe tener el circuito de refrigeración. Así que si está por debajo, compra una garrafa (suelen ser de cinco litros) en cualquier estación de servicio o gran superficie y rellénalo. No importa que lo mezcles con el anterior, aunque si este está muy deteriorado y se aprecia suciedad, puede ser conveniente sustituirlo todo por uno nuevo. Esto es mejor que te lo haga un mecánico, porque debe hacerse con el motor en marcha para que el líquido vaya circulando e ir echando el nuevo mientras el antiguo sale por otro conducto.

Ten cuidado al rellenarlo para no sobrepasar el máximo. No tiene por qué haber problema, pero en el depósito, llamado vaso de expansión, debe quedar suficiente espacio para que cuando el líquido regrese del circuito de refrigeración y su temperatura sea alta, no se salga. Tampoco pasa nada si se viertes un poco al rellenar. No es un líquido corrosivo (como por ejemplo, el de los frenos) pero si utilizas un embudo evitarás tirar el líquido fuera del depósito.

Si oyes hablar de que este depósito se puede rellenar con agua, es cierto, no pasa nada salvo que puede quedar cal en el interior del radiador y otras partes del motor, pero como te he indicado, el líquido anticongelante tiene unas propiedades superiores para las condiciones extremas, que es justamente lo que intentamos combatir.

5.- Las lunas

Además de revisar los niveles del motor, el estado de los neumáticos o los frenos, hay otras partes del coche que debes preparar para el invierno. Es muy común que los limpiaparabrisas hayan tenido poco uso en verano. En muchas ocasiones, el calor los ha ‘pegado’ al cristal y cuando llega la primera tormenta o las primeras heladas vemos que apenas pueden retirar el agua o el hielo de la luna y ‘rebotan’ en sus pasadas. Cámbialos por unos nuevos antes de que los tengas que usar en plena tormenta. Son una pieza realmente sencilla de cambiar, los hay desde poco más de 10 euros y de ellos puede depender completamente tu visibilidad conduciendo en una carretera bajo una fuerte lluvia. No olvides, si tu coche lo lleva, revisar también el limpiaparabrisas trasero, no es menos importante.

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El segundo elemento relacionado con las lunas al que hay que echar un vistazo es al nivel del líquido limpiaparabrias. Su depósito también está bajo el capó y suele llevar un tapón de distinto tamaño y color al del líquido refrigerante, para evitar confusiones. Este depósito debe ir correctamente lleno y se puede rellenar sencillamente con agua (aunque la del grifo puede dejar cal en los conductos).

Hay productos específicos que llevan cierta mezcla con jabones especiales y son más resistentes al frío. En tu caso, puedes recurrir a echar un poco de líquido anticongelante en este depósito. Con ello conseguirás que el agua que utilizas para limpiar las lunas (y también los faros si el coche lleva lavafaros automáticos) aguante mejor el frío y no te lo encuentres congelado cuando vayas a tener que utilizarlo un día en el que la luna esté sucia o helada.

Comprueba que la luna térmica trasera funciona correctamente. Llevas meses sin usarla y quizá te lleves una sorpresa cuando la necesites. Puede que, si no funciona, solo sea cuestión de cambiar un sencillo fusible.

Hablando de hielo, llegan los días en los que muchos de nosotros nos encontramos las lunas cubiertas de hielo cuando vamos a trabajar. Se habla de muchos remedios para evitar esto. Algunos son más caseros, como frotar una patata en el parabrisas, y otros más sofisticados como el uso de productos químicos especiales para ello.

Lo más económico y efectivo es la paciencia y un sencillo rascador de cristales. Arrancamos el coche, esperamos que coja temperatura y conectamos la calefacción orientada a la luna para calentarla. Mientras, desde fuera vamos rascando hasta retirar todo el hielo o la escarcha. No eches agua porque a esa temperatura lo único que vas a provocar es más hielo y no uses los limpiaparabrisas hasta que la luna esté despejada, puedes dañarlos y no te van a quitar el hielo.

Limpia la luna entera. De nada sirve hacer hueco con prisas para ver desde el asiento del conductor y llegar a un cruce y tragarnos un coche o a un peatón que se acerca por el lado derecho y que no hemos visto porque llevamos esa mitad de la luna llena de hielo. Recuerda repasar los espejos retrovisores, las ventanillas y también los faros y pilotos por si tienes que usarlos y que la luz que emitan se vea correctamente. En cuanto a las ventanillas, no intentes retirar el hielo bajándolas. Si la capa es muy gruesa puede que ni los motores de los elevalunas puedan bajar el cristal.

6.- El vehículo

Tras revisar los puntos más importantes hablamos ya de otro tipo de consejos ‘menores’ pero que pueden resulta muy prácticos para preparar nuestro coche para el invierno. En el habitáculo del coche, el mayor enemigo de cualquier conductor es el vaho. También se dice que hay productos «mágicos» para evitarlo, pero lo más barato (y también lo mejor) vuelve a ser lo más sencillo.

Cuando nuestros cristales se empañan es sencillamente porque la luna tiene la parte exterior muy fría y el aire de la parte interior (el habitáculo) está más caliente ya sea por el uso de la calefacción o por el mismo calor que desprenden los ocupantes (incluso cuando están sin ropa, ya me entiendes). Lo que hace que el vapor de agua se condense en la parte más caliente, es decir, por dentro. Abriendo ligeramente las ventanillas delanteras (una, o las dos para ser más rápidos) conseguiremos una corriente instantánea que equilibrará la temperatura exterior y la interior, haciendo que el vaho desaparezca de los cristales.

Clima

Llevar a mano un trapo o gamuza en la puerta del conductor también te ayudará para limpiar el cristal. Y para evitar que vuelva a aparecer, conecta la calefacción del coche orientada hacia el parabrisas. Esto hará que el cristal coja la temperatura interior y no se vuelva a empañar. Si alguno de los conductos de ventilación está obstruido verás que esa parte del parabrisas se desempaña peor. Pasando una aspiradora por ellos puedes solucionarlo, salvo que esté realmente estropeado.

La organización dentro de tu coche es algo que también te puede ayudar en invierno. El maletero va en muchas ocasiones repleto de cosas que vamos dejando en el día a día, a lo que hay que sumar la posible carga del equipaje de viaje. Como te he comentado en el apartado de las cadenas, si las llevas, recuerda dejarlas en un lugar accesible, lo mismo que los triángulos de emergencia por si tuvieres que usarlos. El chaleco reflectante no debe ir en el maletero. Si te tienes que bajar del coche para montar unas cadenas debes tener el chaleco a mano antes de salir fuera y más si en el exterior hay condiciones de poca visibilidad como en mitad de una fuerte nevada.

Ten a mano también el teléfono de emergencias de tu compañía de seguros. Nunca sabes cuándo vas a tener que llamar a una grúa en invierno. Y, por último, te aconsejo que lleves en la guantera una linterna y sus pilas tengan carga. Parece una tontería, pero puede ser imposible montar unas cadenas en plena noche de inverno. Y ya que hablamos de pilas, asegúrate de que la batería de tu coche está en buen estado, porque el frío extremo exige un esfuerzo extra del motor de arranque y los calentadores del motor para ponerlo en marcha.

Por último, te recomiendo que laves periódicamente los bajos de lo coche con una manguera a presión. La sal que se echa en las carreteras para evitar el hielo se acumula debajo de la carrocería, son zonas que suelen ir menos protegidas y la sal genera mucha corrosión en ellas, como ocurre con muchos de los coches que son importados del mercado europeo para la compra-venta. Al lavarlo, ten cuidado de que no entra agua por el tubo de escape. Inmediatamente no pasa nada, pero puede acumularse en el catalizador (ese abultamiento que hay antes de la salida de escape) y acabar dañándolo.

7.- La conducción sobre nieve y hielo

Una vez repasados los principales puntos de revisión para preparar tu coche para el invierno voy a intentar resumir brevemente algunos consejos para conducir sobre nieve y hielo que te pueden ayudar en situaciones complicadas.

El primer consejo que hay que seguir a rajatabla es la PRECAUCIÓN. Si en condiciones normales hay que acatar siempre las normas de tráfico, cuando hay nieve y hielo en la carretera, nuestro nivel de atención y prudencia debe ser mucho más alto. Olvídate de las prisas, la nieve y la velocidad no se llevan bien.

Intenta llevar siempre el depósito de combustible lleno. En las grandes ciudades se suelen montar atascos de horas y en la montaña puede que también te toque esperar a que pase la tormenta y, lo más normal, es que tengas que estar con el coche arrancado y la calefacción puesta.

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En cuanto a la conducción, empieza por sujetar el volante firmemente con las dos manos. Olvídate de hacerlo con una mientras dejas la otra descansar sobre el reposabrazos. Cuando las ruedas van rodando sobre nieve pueden reaccionar de forma brusca en cualquier dirección y por ello hay que estar preparados para llevar siempre el volante bien sujeto.

Ten cuidado con el freno. Si notas que el coche empieza a desviarse o cruzarse no frenes de forma brusca, porque entonces se bloquean las ruedas y en pleno derrape será cuando no lo podrás controlar. Intenta rectificar la dirección manteniendo la velocidad constante, con movimientos suaves del volante y reducir con mucha suavidad bajando marchas. Debes llevar siempre el control de la potencia del coche con el acelerador, no levante el pie de golpe porque el coche perderá adherencia. Si como te he dicho al comienzo, vas circulando despacio y con precaución, podrás recuperar el control del coche. Circular en marchas largas ayuda a que el coche avance con potencia pero sin que las ruedas giren excesivamente rápido.

No circules cerca de otros coches. Mantén siempre una distancia de seguridad muy superior a la normal. Es un fenómeno que he visto en cientos de ocasiones y nunca entiendo: la gente circula en grupo cuando hay nieve. TÚ NO LO HAGAS. Deja que los otros coches vayan lo más lejos del tuyo que te sea posible, porque no sabes las reacciones que su coche o el tuyo puedan tener en un momento dado sobre la carretera. Ten en cuenta que ni ellos ni tu podéis frenar con contundencia y cuando nieva hay muchísimos pequeños golpes que se producen por el simple hecho de circular demasiado cerca de otros coches.

No te fíes de las roderas. Cuando los coches pasan una y otra vez sobre una misma carretera y van formando un carril, la nieve que pisan se apelmaza, y si el frío continúa y no se ha echado sal sobre el asfalto, se puede formar una capa de hielo peligrosa. Es lo mismo que cuando tu vas andando por la calle y pisas nieve ya aplastada, que muchas veces es más resbaladiza que la zona en la que no ha pisado nadie antes.

Si te encuentras una pendiente resbaladiza en la que el coche patina y no avanza (por ejemplo, una rampa), echa el freno de mano antes de afrontar la rampa y desconecta el ESP (habrá un botón en el salpicadero en el que se desactiva parcialmente). La razón de desconectar el control de estabilidad es porque se trata de un sistema que, cuando detecta que las ruedas patinan, corta la potencia del motor, y nosotros necesitamos poder subir la rampa con toda la potencia del motor disponible (en el caso de montar las cadenas también hay que hacerlo). Engrana la segunda velocidad, acelera el motor bastante y empieza a soltar el embrague poco a poco. En el momento en el que notes que el coche puede avanzar, suelta el freno de mano y sujeta el volante con firmeza. El coche empezará a patinar y a avanzar por la rampa poco a poco. Mantén la dirección recta aunque notes que va haciendo pequeñas eses y, si puedes, ve pisando la nieve virgen.

En situaciones muy extremas y si hace falta recibir ayuda de otras personas (SIEMPRE garantizando la seguridad de todo aquel que esté en la vía, por encima de cualquier cosa) puede ser de ayuda añadir peso sobre las ruedas que fraccionan para mejorar su agarre. Esto es, empujando sobre el capó o el maletero en función de si se trata un coche de tracción delantera o propulsión trasera.

En cualquier caso, y como dije al comienzo, la conducción sobre nieve exige mucha PRECAUCIÓN y si el conductor prevé que las condiciones son demasiado complicadas para circular, lo mejor es no intentarlo y dar aviso a los cuerpos de seguridad para pedir ayuda. Estos consejos son solo orientativos y deben llevarse a cabo siempre respetando todas las normas vigentes de tráfico. La responsabilidad del conductor ante una carretera complicada es la primera norma que rige cualquiera de estos consejos de conducción sobre nieve, con los que, por otro lado, espero que haberte ayudado a que tanto tú como tu coche estéis preparados para el invierno.

 

¿Qué aceite usa mi coche?

¿Qué función cumple el aceite en el motor? ¿Se pueden mezclar aceites? Es decir, si un día te encuentras que tienes el aceite bajo mínimos y vas a la gasolinera a por una lata y no tienen la marca de aceite que llevas o si la tienen, el aceite lleva otra numeración, ¿se puede añadir igual?

Para dar respuesta a qué aceite utilizar y cuándo cambiarlo, lo primero es entender un poco cuáles son las funciones principales del aceite en el motor, los tipos de aceite que existen y sus propiedades.

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La función principal del aceite es reducir la fricción entre las partes móviles del motor, evitando así que el rozamiento produzca un desgaste prematuro. Además de la función lubricante, el aceite también hace de refrigerante, al impedir que se eleve la temperatura por fricción. Y por otro lado, previene la corrosión y ejerce como agente detergente, al mantener en suspensión todos los residuos, que quedan atrapados en el filtro.

Tipos de aceite y propiedades

Básicamente se dividen en dos grandes grupos. Los aceites minerales utilizan una base refinada del petróleo, mientras que en los aceites sintéticos, esa base destilada y refinada se somete a un proceso de transformación en laboratorio para cumplir unas características determinadas. La ventaja de los aceites sintéticos es que mejoran la protección del motor, y mantienen sus propiedades más estables durante más tiempo.

También existen aceites con una base que es resultado de mezclar bases mineral y sintética. No alcanzan la calidad de estos últimos, pero tampoco son tan caros, y sus características son mejores que las de los minerales.

Para que un aceite cumpla bien su función debe ser fluido a bajas temperaturas para adherirse a las superficies metálicas cuando el motor está frío, desde el mismo momento del arranque, y al mismo tiempo conservar una viscosidad suficiente cuando se calienta para no escurrir con facilidad.

Entre sus propiedades, la más importante es la viscosidadque mide la resistencia que ofrecen las moléculas del aceite a la hora de fluir. A menudo se confunde esta propiedad con el índice de viscosidad, que lo que indica es la variación de la viscosidad en función de la temperatura. De cara a una buena protección del motor interesa que la viscosidad sea alta, pero que el índice de viscosidad sea bajo.

Otras propiedades que definen las características de un aceite son la densidad, el punto de congelación, la adherencia (o capacidad del lubricante para quedar adherido a las paredes del motor) y el número de base o T.B.N (que indica la reserva alcalina que tiene el aceite), aunque a la hora de elegir el mejor aceite para tu coche la única realmente importante es la viscosidad.

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¿Cuál es el mejor aceite para mi coche?

No lo dudes, sintético siempre. Un mineral puede servir si vas a cambiarlo con mucha frecuencia y no realizas muchos kilómetros, pero entonces se diluye su ventaja en precio, que puede ser de unos 25 euros en cada cambio. Con el aceite sintético, tu motor irá siempre mejor protegido.

Para elegir la viscosidad del aceite hay que tener en cuenta que interesa que sea fluido en frío, pero que no se haga demasiado líquido en caliente. En las latas verás dos cifras que indican la viscosidad. La primera hace referencia a una medición en frío (a –18°C), y la segunda en caliente (a 100°C). Si tu coche utiliza un aceite 20-40, por ejemplo, rebajando la primera cifra y utilizando un 10-40, un 5-40 o incluso un 0-40, tendrás un aceite que llegará mejor a todos los rincones del motor al arrancar en frío, lo que incluso puede mejorar el consumo. Mucho ojo, porque si subes esa primera cifra el aceite podría no fluir lo suficientemente rápido en frío para asegurar el engrase que necesita tu motor.

En cuanto a la segunda cifra, la que expresa la viscosidad en caliente, no conviene subirla respecto a lo que aconseja el fabricante. Se puede reducir, pero si pasas a una viscosidad muy baja el aceite sería demasiado fluido en caliente, lo que podría causar problemas cuando se le exige lo máximo al motor.

Especificaciones

Aquí suele haber más confusión que con la viscosidad, aunque en realidad es muy fácil.

Hay distintas clasificaciones, pero las más utilizadas son la API, la CCMC y la especificación ACEA. En el primer caso se utiliza una clave de dos letras. La primera distingue entre gasolina (S) y Diesel (C), y la segunda, que va desde la A hacia delante, indica la calidad de menos a más. La norma CCMC utiliza las letras G ó D para gasolina o Diesel, seguidas de un número que indica la calidad cuanto más alto es ese número. En cuanto a la clasificación ACEA, utiliza la letra A para gasolina y la B para los diesel, seguidas de un número que, igual que en las anteriores, cuanto más alto sea indica mayor calidad. Siempre se puede utilizar un aceite de especificaciones superiores al recomendado (un D4 en vez de un D3, o un SJ en vez de un SH, por ejemplo), pero no a la inversa.

Últimamente cada vez en más frecuente que algunos fabricantes desarrollen sus propias especificaciones (los ya famosos 505.01 o 506.01 de los motores TDI con inyector-bomba de Volkswagen, o evoluciones posteriores para diesel con filtro de partículas), y también son cada vez más utilizados los aceites especiales para larga duración o «Longlife», de baja viscosidad en frío, y sintéticos cien por cien.

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¿Cuándo cambiar el aceite?

Pues lo mejor es respetar los intervalos de cambio que marca el fabricante, y acortarlos si se realizan muchos arranques en frío con recorridos cortos, en los que el motor no llega a coger temperatura. Si utilizas un aceite mineral, cámbialo al menos una vez al año aunque no llegues al kilometraje estipulado. En un sintético, no pases de dos años. Actualmente es frecuente encontrar motores que anuncian intervalos de cambio entre 20.000 y 30.000 km, o marcas que ofrecen un sistema de diagnóstico que calcula la duración del aceite según las condiciones de utilización del vehículo.

En cualquier caso, no esperes a llevar el coche a la siguiente revisión, y si no tienes indicador de nivel en el cuadro de la instrumentación (cada vez es más frecuente), compruébalo al menos cada 1.000 km. Si tienes que añadir, procura no sobrepasar la marca del máximo, y en la medida de lo posible, utilizar aceites de similares características, aunque si el nivel está bajo y no tienes otro a mano, puedes mezclarlos.

Como siempre estamos a vuestra disposición para aclarar cualquier duda.

Diez consejos para elegir y cambiar los neumáticos del coche correctamente

El buen estado de los neumáticos es fundamental para asegurar un comportamiento seguro de nuestro coche, por lo que resulta imprescindible estar pendiente para realizar un correcto mantenimiento y tenerlos siempre a punto. A continuación, te ofrecemos diez consejos para que tomes las mejores decisiones y sepas qué pasos seguir a la hora de cambiar tus ruedas.

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1.- Correcto mantenimiento. Si no lo hiciste con los viejos, hazlo desde el principio con los nuevos. Te durarán más y sobre todo, rodarás más seguro. Hay que hacer un buen montaje con equilibrado y alineaciones correctos. Comprobar mensualmente la correcta presión de cada uno y vigilar el estado de las válvulas y sus tapones.

2.- Saber cuándo hay que cambiar uno, dos o los cuatro neumáticos. En caso de deterioros o pinchazo (hay algunos que no son reparables por los daños internos) nos lo indicará un profesional. Cuando el desgaste de cualquiera de ellos llegue al indicador de mínima profundidad del dibujo, o cuando éste se aproxime a 1,6 milímetros que es el límite legal fijado para circular y por lo que podremos ser multados si lo rebasa. También deberemos cambiarlos si presentan signos de envejecimiento o llevan montados diez años desde la fecha de su fabricación, que aparece en el flanco.

3.- Tener muy en cuenta qué tipo de neumáticos son los adecuados para nuestro automóvil y verificar que los que adquiramos cumplan con las especificaciones homologadas por el fabricante.La ley es taxativa al respecto y dice: «Los vehículos deben estar equipados con neumáticos de las dimensiones y características previstas por el fabricante en la homologación del vehículo, o sus equivalentes, según lo dispuesto en la reglamentación vigente que les sea de aplicación recogida en el anexo I.»

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4.- Al cambiar de neumáticos hay que asegurarse de que nuestro vehículo no tiene problemas de dirección o suspensión. Un incorrecto funcionamiento de estos elementos provocarán desgastes anómalos en la banda de rodadura.

5.- Si hay que cambiar solamente dos neumáticos, asegurarse de que los más nuevos vayan siempre montados en el tren trasero. Es donde se necesita mejor agarre para mantener el mejor control sobre el vehículo.

6.-Acudir siempre a un centro autorizado para realizar el cambio. La importancia de los neumáticos y su montaje en la seguridad del vehículo desaconsejan ser negligente en este aspecto.

7.- Evitar la gama más baja de neumáticos. Es mejor acudir a unos neumáticos de gama superior que, aunque sean más caros, aportarán mayor seguridad y en muchos casos serán más duraderos.

8.- Contemplar la posibilidad de montar neumáticos de baja fricción. A lo largo de los kilómetros ahorraremos mucho combustible y los amortizaremos rápidamente.Nuevos

9.- Elegir bien las prestaciones del neumático. Los hay especiales para climas húmedos, más seguros en lluvia, o de contacto para la nieve si vivimos en zonas de montaña.

10.- Asesorarse bien sobre los neumáticos que vayamos a comprar. Las propias marcas, los comparadores y los profesionales nos aportarán una información muy completa sobre las opciones, precios y prestaciones de cada modelo.

 

 

¿Cuándo cambiar la correa de distribución?

¿Cuándo hay que sustituir la correa de distribución?

La correa de distribución es un sencillo dispositivo cuya función es sincronizar el funcionamiento del motor. Un fallo en la distribución puede causar una avería bastante costosa.

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La correa de distribución es una pieza sencilla de material neumático que podría acabar con la vida del motor de nuestro vehículo, si no se siguen las recomendaciones que exigen los fabricantes. Esta correa tiene como misión principal, sincronizar el funcionamiento de un motor, ya sea diesel o gasolina. Para que el sistema de distribución funcione correctamente, en esta sincronización intervienen válvulas, pistones, arboles de levas y piñones.
Es conveniente conocer qué sistema de distribución utiliza nuestro vehículo, correa o cadena.
Si un vehículo incorpora correa de distribución se deben tener en cuenta las recomendaciones del fabricante y realizar el cambio de la misma en función de dos factores:

  • Cambiarla al número de kilómetros que el fabricante recomienda, existiendo un intervalo entre los 80.000 y los 150.000 km, dependiendo ello del modelo de vehículo y su cilindrada.
  • Cambiarla cada 5 años aunque no se haya llegado a los kilómetros que recomienda el fabricante, debido a que el paso del tiempo provoca que la correa se deteriore.

Es muy importante que cuando se realice el cambio de la correa de distribución en el taller, se cambien todos los rodillos y tensores que lleva y también será necesario sustituir la bomba de agua si ésta es accionada por la correa, ya que si se rompe provoca una avería en el motor igual que si se rompiera la correa.

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Hay que destacar que si no se siguen estas normas con un vehículo que incorpore correa de distribución, podemos llegar a provocar la rotura de la misma, ocasionando una avería en el motor que puede oscilar económicamente desde 2.000 € si se rompe en población y a bajas revoluciones y velocidad, hasta más de los 4.000 € si la rotura es circulando en carretera y a una velocidad de unos 120 km/h, provocando también averías anexas a ésta, ocasionando que partes de válvulas rotas salgan hacia el turbo y provoque la rotura de los álabes de las turbinas del mismo, aumentando de ésta forma el importe de la factura provocada por la rotura de la correa de distribución.

Mucha gente cuando decide comprar un vehículo nuevo pregunta si lleva correa o cadena de distribución. Si el vehículo que vamos a comprar lleva cadena de distribución, será un mantenimiento menos que hay que realizar en el vehículo, pues la cadena de distribución no necesita ser cambiada, siempre y cuando utilicemos el aceite de motor que el fabricante recomienda; aceite que debe cumplir con las características y normas anticontaminación establecidas. Si no se ajusta a estos requerimientos, la cadena de distribución sufrirá un desgaste prematuro y es muy probable que comience a hacer ruido, por lo que tendrá que ser sustituida, para lo cual será necesario sacar el motor del vehículo en algunos casos, lo cual supone un encarecimiento notable de la reparación.

Revisa tu placa de matrícula

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Llevar el coche a punto es una actitud. Consiste en ocuparse y preocuparse de que el vehículo esté siempre en perfecto estado de revista. Y eso incluye la matrícula. Al menos desde un punto de vista estrictamente legal. Porque… ¿Sabías que circular con una matrícula ilegible puede suponer una multa de 200 euros?

Según la Ley de Tráfico ir con la matrícula legible y en buen estado de conservación es una obligación del conductor. Sí, sí, del conductor, y no del titular del vehículo. De hecho es el conductor al que responsabiliza la Ley, la misma que tipifica como infracción grave circular sin ella, llevarla tapada o en tal estado de deterioro que impida identificar al vehículo. La multa a la que uno se expone es de 200 euros.matricula-tapada

Por eso es importante comprobar que está bien colocada, porque su ubicación en el vehículo la expone especialmente a golpes y no es difícil que se doble, se desconche o se raje. Si tras revisar la matrícula observas alguno de estos signos, puede ser aconsejable que te plantees cambiarla. Apenas serán unos 20 o 30 euros euros, muchos menos que una eventual sanción de 200. Si simplemente observas que está cubierta de barro o polvo que dificulta su lectura no dejes de limpiarla.

Para las autoridades la matrícula es un elemento importante del vehículo, tanto que para aquellos casos en que se manipule con intención de dificultar la identificación del coche el Código de Circulación contempla sanciones de has 6.000 euros y la retirada de seis puntos del permiso de conducir.

Observa tus placas o ven y te aconsejaremos, si hace falta cambiarlas disponemos de placas metálicas y acrílicas a precios muy competitivos, colocarlas es cuestión de minutos.

Correa de distribución

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La correa de distribución del coche es la encargada de asegurar la sincronización entre la fase de admisión de la mezcla aire-carburante (árbol de levas) y el movimiento de las válvulas con la rotación del cigüeñal y el movimiento de los pistones. En general, es un elemento del coche al que no solemos prestar mucha atención por su larga duración y descuidamos su mantenimiento. Sin embargo, es de vital importancia hacer un seguimiento de su estado y cambiarla como método de prevención, puesto que su rotura provoca graves consecuencias en el vehículo. Si no sabes cuándo se debe cambiar la correa de distribución del coche, Nosotros le asesoraremos sobre el intervalo recomendado para su vehículo.

Cuando llega el momento marcado por el fabricante de tu vehículo para cambiar la correa, es recomendable recurrir a un kit de distribución. ¿Que por qué? Porque junto a ella existen otros elementos sometidos a desgaste. Y al sustituirlos todos, nos aseguramos de la duración de la correa colocada no se verá afectada por deterioro de estos rodillos o tensores.
Demorar el cambio de la correa no es recomendable, porque su desgaste no es perceptible y si llegara a romperse provocaría daños graves y más caros de arreglar, incluso la ruptura del propio motor en casos extremos. Te recomendamos que a partir de los 80.000 kilómetros compruebes el estado en que se encuentra, en Automoción Miraflores estamos encantados de revisar y aconsejarte. Pero ¿Qué es exactamente un kit de distribución?.

kit disKit distribución
Como sabe, la correa sincroniza el movimiento permanente de pistones y válvulas. Pero el kit de distribución incluye, además de la propia correa, esos otros elementos sometidos a desgaste y que le recomendamos cambiar: las poleas-guía y los tensores.
rotura
Por otra parte, cuando se sustituye la correa es momento de revisar, y cambiar si es necesario, otros componentes, como la bomba de agua, si interactúa con la correa de distribución.
Revisar, y reemplazar si tu mecánico se lo aconseja, la correa auxiliar -alternador, aire acondicionado o dirección asistida. Y es que si existen fugas en la bomba de agua, por ejemplo, o si gotea líquido de refrigeración, la vida de la correa de distribución de tu automóvil se verá comprometida.
Así que ya lo sabe, para evitar sustos, nuestras instalaciones. Y recuerde: compruebe y cambie si es necesario, el estado de la correa a partir de los 80.000 kilómetros. Una avería en la distribución, siempre será mucho más cara. En caso de rotura la reparación puede multiplicar por diez el importe de la sustitución.

Detalle de válvulas dobladas.
Detalle de válvulas dobladas.